El fracaso de suministros de prueba de COVID-19

Cuando el Presidente Donald Trump declaró en marzo que “Cualquier persona que quiera una prueba podrá tener una prueba,”estuvo equivocado. Estuvo equivocado una vez más en mayo cuando dijo, “Si alguien quiere hacerse una prueba ahora, puede hacerlo.” En julio, las colas largas en los centros de prueba y los retrasos de resultados continuaban a pintar un panorama de un país con un sistema no adaptado, fracasando, para realizar las pruebas a gran escala, una de las herramientas más importantes para luchar la pandemia.

Los fracasos comenzaron temprano, cuando las pruebas creadas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades resultaron ser defectuosas, resultando en tiempo y trabajo perdido. Obstáculos burocráticos aún más retrasaron que se hicieran las pruebas a gran escala, y los lineamientos limitados indicando quién puede hacerse o acceder una prueba permitieron que el virus se propagara entre los que estaban asintomáticos o quien estaban sintiendo síntomas que pensaban que eran de un resfriado.

La investigación de American Oversight de estos errores desde el principio y los tropiezos que han continuado incluye solicitudes para comunicaciones y directivas relacionadas, y datos y cifras sobre el número de pruebas hechas en diferentes momentos para determinar si los hechos coinciden con lo que los funcionarios de salud habían estado diciendo. También estamos investigando cómo el gobierno federal ha coordinado con agencias y funcionarios estatales de salud, incluyendo, según informes, diciéndole a ciertos funcionarios médicos estatales que dejen de realizar las pruebas durante los primeros meses de la crisis.

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